martes, 5 de abril de 2011

HISTORIA MUSICA RELIGIOSA (II)

Rafael Michel.

Fue a principios de la década de los 70 cuando Sergio Orlando Moreno Guarnero, hijo de un pastor evangélico armó la primera banda de rock cristiano en Ciudad Juárez y la nombró La Tierra Prometida con el objetivo de liberar a los jóvenes de las drogas a través del evangelio. Sin embargo, fue rechazado por los pastores quienes no aceptaban que tocara ese tipo de melodías, trajera el cabello largo y utilizara baterías y guitarras eléctricas, por lo que Moreno Guarnero terminó tocando en escuelas, parques y reclusorios.
—La gente no quiere asistir a una iglesia donde se toquen cantos viejos sino a conciertos masivos para sentirse acompañada en un mundo en el que impera la soledad —sostiene con vehemencia este músico pionero, quien a más de 3 décadas sigue dando conciertos de rock en México, Centroamérica y Estados Unidos, y ahora tiene su propia disquera (Producciones La Tierra Prometida), con la que ha realizado 18 grabaciones.
El comunicólogo y empresario evangélico Raúl Lugo Becerra ―un defeño de 29 años, promotor de conciertos y programas de radio cristianos—, dice que a finales de los 80 en México no se planeaban este tipo de espectáculos y si bien Witt y otros cantantes tocaron en infinidad de conciertos en estadios y auditorios mexicanos y del resto de América Latina, fueron las congregaciones quienes corrieron con los gastos de transporte, hospedaje, comida y renta de equipo, pero los artistas no cobraron por las actuaciones aunque sí llenaban los estadios y lugares donde se presentaban.
—La finalidad de un evento cristiano es que la persona se encuentre con Dios. Esto no lo vieron algunos empresarios quienes se hicieron ricos a costa de los cantantes evangélicos; por tal razón estos artistas diseñaron estrategias de mercadotecnia, fundaron sus disqueras y se rodearon de especialistas en comunicación organizacional para ganar dinero; con las ganancias produjeron discos y videos, pagaron músicos, rentaron equipo y transporte y comenzó así una industria poderosa —relata Lugo.
Icono de la música cristiana
Jonathan Marcos Witt Holder, originario de San Antonio, Texas, aprendió a cantar en la parte trasera de la Pickup que llevaban sus padres, pastores metodistas, por territorio duranguense mientras predicaban el evangelio. A los 8 años empezó con clases de piano y tiempo después ya ofrecía recitales en el templo metodista, además de asistir al Colegio Americano de Durango. Pronto combinó sus estudios de secundaria con los de música en la Escuela Superior de Música de la Universidad Juárez del Estado de Durango. Hoy ha ganado 5 premios Grammy Latinos, 2 Billboard de la Música Latinay ha vendido más de 11 millones de copias en México, América Latina y Estados Unidos. Entre sus logros se cuenta el tema Sinfonía del alma, que grabó con la Orquesta Filarmónica de Praga y además es reconocido por introducir el género pop en la música cristiana, con su tema Renuévame, que es considerado un himno entre los evangélicos.
En 1986 no sólo produjo su primer disco Canción a Dios, que se vendía durante sus presentaciones, sino que se casó con Miriam Lee. Un año después, la pareja fundó CanZion Producciones, una editora de música cristiana en español.
En 1991 lanzó al mercado el disco Proyecto AA, cuyo éxito principal fue la canción Renuévame. Tres años después fundó el Instituto CanZion, una escuela de música en Durango para formar a jóvenes. Actualmente Witt es dueño de más de 45 planteles que atienden a más de 3,000 estudiantes en Estados Unidos, América Latina y Europa.
Para finales de los 90 Witt era ya toda una celebridad: cantó en el concierto Homenaje a Jesús, celebrado en el Estadio Azteca, al que asistieron más de 100,000 seguidores y tuvo magnas presentaciones en escenarios como el Estadio Nacional de Cuzcatlán, en El Salvador; el Estadio Vélez Sarsfield en Argentina; el Estadio Monumental de Guayaquil, en Ecuador; el estadio El Camping, en Colombia y el Gibson Amphitheatre, del Universal City Walk, de Los Ángeles, California.
Desde 2002 Witt se convirtió en pastor de la Iglesia Lakewood, de Houston, Texas, donde cada domingo se congregan más de 6,000 feligreses y su sermón es transmitido por el canal de cable Enlace. Esto sirvió de gancho para que un año después la disquera Sony-BMG firmara un acuerdo para encargarse de la distribución, promoción y mercadotecnia de su material discográfico, que antes él mismo vendía en sus presentaciones.
Algunas de las nuevas propuestas para hacerse de más fieles o acercarse a sus seguidores, están más relacionadas con el mundo del espectáculo que con el religioso: antes de su concierto Sobrenatural en Bogotá, la empresa invitó al público a participar en un concurso cuyo premio principal fue una cena y una recepción con el cantante. Los primeros 150 participantes que compraron boletos asistieron a la recepción, mientras que 10 personas que compraron 500 boletos cada una, cenaron con el artista. Sin embargo, estos concursantes no obtuvieron descuento ni lugar especial en el concierto, que llevó a más de 30,000 almas.
Ahora en sus grabaciones Marcos Witt refleja el ambiente festivo de sus conciertos. Por esta razón instruye a los fans para que sigan la melodía o aplaudan porque les asegura que sus voces se escucharán en el disco, grabado en vivo. Así los fieles se convierten en los mejores promotores y consumidores del material.


En 2008 el pastor y cantante, junto con otros dirigentes evangélicos miembros de la Asociación de Mega Iglesias Hispanas de Estados Unidos, respaldaron la candidatura del senador republicano John McCain, lo que representó más de 15 millones de cristianos hispanos pertenecientes a 18,000 Iglesias y 75 denominaciones, en la defensa de los niños y el matrimonio sólo entre un hombre y una mujer, pero ni todo ese apoyo sirvió para derrotar al demócrata Barack Obama.
Marcos Witt afirma que sus propósitos van más allá de este mundo terrenal y se centra únicamente en la ganancia espiritual: —La gente busca un mensaje que deje huella en el alma y si eso deja dinero, que más da. Por ello no me preocupa la comercialización de la música religiosa —afirma.

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