jueves, 12 de enero de 2012

LA VENGANZA SE COME Y SE DISFRUTA EN FRIO.

Rafael Michel
Vergonzoso espectáculo. Ridículo e indignante es el que dió el poderoso -economicamente- emprersario de la ciudad de México, al golpear, humillar y discriminar a uno de los trabajadores del edificio donde vive. Contrario a lo que opinan algunos colegas y amigos, pienso que quien se termina llevando una madriza espectacular es el monstruoso Miguel Sacal.

Con justificadisíma razón, así lo comenta el periodista influyente de México del diario Milenio, Ciro Gómez Leyva, y va más allá cuando dice que "Comparto la indignación por la forma en que Sacal golpeó y humilló hace medio año a un joven velador, Hugo Enrique Vera, a fin de cuentas dependiente suyo. El mismo martes, día en que explotó el caso, le pregunté a Hugo Enrique por qué no se defendió ni lo defendieron sus dos compañeros que estaban al lado. Palabras más, palabras menos, me respondió que no querían perder sus empleos".

Y agrega que pero la venganza, dicen los clásicos, es un plato que se come frío. Hugo Enrique manejó los tiempos y eligió una modalidad sádica: el ridículo. La acompañó de otra socialmente honrosa: la denuncia legal contra el poderoso.

El resultado es la derrota histórica de Miguel Sacal. Quizá no termine en la cárcel, pero es probable que tenga antecedentes penales. Y adonde llegue aparecerá con la cruz tatuada en la frente que nunca se podrán quitar los seres repugnantes. No sé si alcance las dimensiones de, por ejemplo, Kamel Nacif, pero su vida cambió para peor a partir de la difusión de los videos que pusieron a circular Hugo Enrique y sus abogados.

De nada le servirá haber indemnizado al joven ni su tardía carta de disculpa. Sus millones no lo liberarán del calabozo de la ignominia.

Como periodista, ciudadano e inquilino agradecido con quienes trabajan en el condominio donde vivo, me quito el sombrero ante la madriza, putiza para entrar al campo semántico del textilero, que Hugo Enrique, sin perder el empleo, le puso a Miguel Sacal.

Pobre del horroroso Sacal. Lo digo sin ironía: pobrecito.
De estos sismilares casos, imaginese usted estimado lector, cuánmtos no habrá que no se denuncian por temor a que los trabajadores pudieran perder su empleo. ¿Cuántos?

No hay comentarios:

Publicar un comentario